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martes, 17 de mayo de 2011

“Extranjeros y peregrinos en el mundo” o lo que hace que la Palabra de Dios sea infructuosa y cómo evitarlo

1. Nuestro estado en este mundo y nuestro hogar real Encontramos la frase que usamos como título para este artículo en 1 de Pedro 2:12:

“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”

La Palabra de Dios nos dice que somos extranjeros y peregrinos en este mundo. Esto significa que este mundo NO es nuestro hogar. No pertenecemos aquí. Para entender mejor esto vamos a usar un ejemplo: digamos que abordas un avión y aterrizas en un país extranjero para ti y se supone que te tienes que quedar ahí. Eres un extranjero en ese país. No entiendes el idioma de la gente. No puedes leer el periódico. Prendes el televisor pero pronto lo apagas porque te das cuenta que no entiendes nada. Todo es ajeno para ti. Eres un extranjero y peregrino en aquel país. Y eso es lo que la Palabra de Dios nos dice que somos en este mundo. Si sin embargo, usando el mismo ejemplo, empiezas a usar el idioma de la gente, a escuchar sus noticias, a ver sus programas de TV, a hablar de lo que ellos hablan y a hacer lo que ellos hacen, dejas de ser extranjero y peregrino, y te integras en dicho país, te haces parte de él. Para nosotros como cristianos es lo mismo. La Palabra de Dios nos dice que somos extranjeros y peregrinos en este mundo. No deberíamos de conformarnos a este mundo, compartir sus intereses, comportarnos como el mundo se comporta, ver lo que el mundo ve, tener la misma visión e intereses que el mundo tiene. Somos extranjeros y peregrinos aquí y no deberíamos de integrarnos o conformarnos a este mundo (Romanos 12:2) esto es, ser formados junto con el mundo (eso es lo que “conformados” significa). Venimos de otro mundo, otro hogar. ¿Dónde está ese hogar? Aquí presentamos un par de pasajes que lo responden:

Filipenses 3:20 “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”

Y Colosenses 1:12-13 “el [Dios] cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” Somos ciudadanos del cielo, hermanos y hermanas.