La verdad es que no sé como empezar. Son tantas las cosas que el Señor ha hecho, tanto por lo cual tengo que agradecer que creo que podría escribir varios libros. Y sinceramente he estado pensando en como compartir esto de manera que yo mengue y el crezca. Siempre había comentado a diferentes personas algunas de las cosas que voy a compartir ahora. Pero sólo cuando surgía la necesidad, pues he aprendido a callar no por causa de él, sino por mi causa porque tristemente me he encontrado con ciertos testimonios en la red que parecen mas una autobiografía que un testimonio para dar gloria a quíen en realidad la merece. Bueno diré que espero lograr el objetivo con la ayuda de nuestro padre...
Comenzaré entonces con uno de los tres testimonios que compartiré con ustedes en esta ocasión. Recuerdo que una vez hace años saliendo del trabajo su maravillosa presencia me acompañaba y en mi ignorancia oraba aquella pequeña porción que aprendí en la iglesia cuando solo era una niña. Mi abuelita paterna me enseñó a temer a Dios y cada noche antes de acostarnos me llamaba y juntas nos poniamos de rodillas, Padre nuestro que estas en los cielos…..usted conoce la oración, aprendí también el ángel de mi guarda, como era tan temerosa oraba todo el tiempo: Ángel de mi guarda mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día hasta que me pongas en paz y alegría con todos los santos, ¿Jesús y María?...Si usted es cristiano nacido de nuevo sabe a lo que me refiero cuando decía en mi ignorancia, si embargo el Señor que me escogió antes de que estuviese en el vientre de mi madre me conocía. Ahora bien continuando con el relato, ese día salía del trabajo y como todos los días elevé la misma oración, osea las de siempre…y claro ángel de mi guarda mi favorita, ya sabe por qué. Como de costumbre esperaba el bus en el mismo lugar, pero esta vez duré al menos una hora esperando, estaba tan cansada que no quería ir de pie en el autobús.




