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viernes, 6 de agosto de 2010

Vida Intercambiada

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. Galatas 2:20,21.

Nuestro crecimiento como cristianos se detendrá abruptamente si no
entendemos un punto de vital importancia: Dios nunca quiso que viviéramos la vida cristiana por nuestra propia cuenta. De hecho, es imposible que nos convirtamos en creyentes maduros y exitosos si tratamos de salir adelante por nuestros propios esfuerzos.
En nuestro andar con Cristo, tenemos que reconocer que ya estamos viviendo una vida transformada. Tenemos que estar dispuestos a decir: “Oh,
Dios…Yo no puedo vivir así. Nunca fue Tu intención que yo viviera de esta
manera”. Recuerdo el día en que aprendí esa verdad trascendental. Nunca me
olvidaré lo libre que me sentí al darme cuenta que no tenía que vivir la vida
cristiana por mi propia cuenta.

Al día siguiente, después de caer en cuenta, me estaba estacionando en el
parqueadero de la iglesia, y pensé para mis adentros, “¡Mira nomás!... ¡Gracias,
Señor! Esto ya no es responsabilidad mía. Ya no tengo que hacer que crezca
esta iglesia. Ya no tiene que ser una iglesia grande; ni yo no tengo ser un
predicador más importante. Gracias, Señor; yo no tengo que hacer nada, sino
solamente lo que Tú te dispongas hacer a través de mí”.
Ese fue uno de los momentos en que más libre me he sentido, en toda la
vida, porque reconocí que, “Ya no es Charles, sino Jesús, que vive dentro de mí,
el que hace las cosas”; que ya no era mi responsabilidad; que ya no era mi
trabajo, ni mi ministerio. Porque en realidad eran su obra, su labor, y su
responsabilidad.
¿Y cuál es la mía? Vivir en sumisión completa, a la hora de tomar cada
decisión, ya que la vida transformada es el intercambio entre la vida vieja que
teníamos, por una vida completamente nueva. Mi hermano (a), simple y
llanamente le digo que las dos vidas no se pueden comparar.

Por Charles Stanley

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